Siete años de predicación del Apóstol.Asentamientos romanos en el mapa de Ptolomeo, siglo 2

Perfil del mapa de Ptolomeo indicándose en él pueblos y ciudades que se corresponden con las villas romanas.

Desembarcó Santiago en Cartagena, y predicando continuó durante siete años por Córdoba, Mérida, Santarém, Braga, Asseconia, Asturica, Clunia, Numantia, hasta Cæsaraugusta…

Los discípulos de Santiago, tras su viaje a Jerusalén, continuaron la predicación del cristianismo por toda la península repartiéndose por zonas o provincias en torno a las principales poblaciones, perpetuándose en diócesis cuyos nombres han llegado hasta nosotros.

En el mapa, en color rojo se indica el camino génesis, el recorrido por Santiago, impartiendo paciente y extendidamente la doctrina cristina por el territorio español, camino y poblaciones que sus discípulos volvieron a recorrer y sobre el que se debe fundamentar el Jacobeo.

Año 813. Se encuentra el cuerpo del Apóstol Santiago.

Decapitado Santiago por orden de Agripa tras sus predicaciones en Jerusalén, su cabeza y cuerpo cercenado, fueron trasladados por mar hasta Galicia por sus discípulos dándole sepultura en Asseconia, que, tras el encuentro de su sepulcro, juntamente con los de sus discípulos Atanasio y Teodoro, que lo habían acompañado en su viaje, es hoy Santiago de Compostela.

Tras las persecuciones del emperador romano Diocleciano, los godos y los islamitas contra los cristianos, fue olvidado el lugar de su entierro, hasta que la luz de las estrellas revelaron al eremita Pelayo dicho lugar, quien puso en conocimiento de su obispo Teodomiro el hecho, y éste lo transmitió al papa León III y al rey Alfonso II, quien con el séquito de su corte acudió presto a visitar el sepulcro del Santo Apóstol Santiago.

Era el año 813.

El primer camino realizado oficialmente al sepulcro de Santiago, el camino del primer peregrino, fue, pues, el del rey Alfonso II y su comitiva cortesana, que se detalla en el mapa en color azul, y deducido de la tradición sería desde Oviedo, Las Caldas, Tuñón, Proaza, Villamejín, Caranga, Entrago, Fresnedo, Torrestío, Torrebarrio, San Emiliano, Sena de Luna, Albelgas de Luna, Curueña, La Urz – Bonella, Riello, Pandorado, Vegarienza, Posada de Omaña, Fasgar, Colinas, Igüeña, Quintana de Fuseros, donde se junta con el romano que viene desde Astorga por Villagatón y Almagarinos en el lugar de la Cruz Cercenada, anteriormente Cruz Alta, y desde Quintana de Fuseros, donde dormían los peregrinos en el monasterio de Santa Leocadia en la villa de Taurón, seguía por Cabanillas, San Justo, Arlanza, Losada, Rodanillo, Cobrana, Congosto, Bárcena, Cabañas Raras, Cacabelos, Villafranca, Quintela de Balboa, O Cebreiro, Samos, Sarria, Palas de Rey, Mellide, Arzúa, y Santiago de Compostela.

Cruz procedente de la casa abadía del monasterio de Santa Leocadia, lugar conocido como oratorio de San Moisés y San Valerio

Sin lugar a dudas   los lugares de descanso del Rey Alfonso II y su séquito, como lo haría otras veces, fueron en Taurón, hoy Quintana de Fuseros, que era la Tenencia del reino en el Bierzo, Samos, donde se educó y vivió de menor hasta la edad de gobernar, y Caldas de Reyes, que era otra tenencia o virreinato como Taurón, y villa  bien aguada como la de Las Caldas cercana a Oviedo.

La primera Cruz del Camino Jacobeo fue colocada en la encrucijada de estos dos caminos, llamada Cruz Alta, en la villa de Taurón sobre un antiguo cúmulo de piedras de los astures, lugar del mítico cuélebre de la fuente, dragón dueño del valle de los Olivos y del río Boeza, por los romanos dedicado a Mercurio, dios de los caminantes, y, vieja y vencida la gigantesca serpiente de alas de murciélago y conchas, fue  cristianizado el lugar por los monjes del monasterio de San Martino y el de Santa Leocadia con el símbolo de la cruz.

En recuerdo del paso de Santiago por el camino romano,  sobre este lugar en donde se cruzan los dos caminos colocó su cruz Alfonso II, la que se convertiría en el prototipo de la Cruz de la Victoria de Alfonso III, granjeándose el odio de Almanzor, verdugo del mundo cristiano.

A pie de la Cruz Alta continuaron dejando los peregrinos, que delante de ella se detenían, un canto como recuerdo de su paso, y destruida por las incursiones y razias islamitas, hoy es nuestra Cruz Cercenada.

«…y por Fasgar fuimos al paso alto por entre dos peñas donde oramos a san Jacobo en su ermita que hicieron para dar gracias por ganar allí a los moros.
Bajamos por las Colinas del Moro, por las lomas rojas hasta la Cruz Alta, donde todos los peregrinos dejaron un canto como recuerdo, y fuimos a Taurón y cerca, en su monasterio, reposamos de jornada tan cansa, y muchos alborecieron al descubierto junto a ascuas para calentarse.
Al ver un camino, que nos dijeron venía desde Astorga, fuimos hasta la Losada, donde estaba nuestro santo hermano el obispo don Genadio, el de Montes, tan querido por vos y por nuestro señor don Alfonso y por los peregrinos…»

Julián González Prieto, traslación de la carta del abad Gundisalvo a San Froilán en el año 902.

Las huellas de las personas que caminan juntas nunca se borran.

Proverbio de Congo